¿Podemos  hablar  de un arte Latinoamericano?

Por Juan Bragassi H.

¿Existe un arte Latinoamericano?, ¿Algo que  nos refleje y nos represente más allá del estereotipo exótico y mágico, por el cual somos conocidos? Si existe un arte latinoamericano ¿Cómo se manifiesta ello? Este trabajo no pretende entregar una respuesta definitiva a estas preguntas, sino realizar una reflexión en torno a “lo Latinoamericano”. Ello lo haremos, a partir del artículo “¿Arte en América Latina o arte Latinoamericano?”, escrito por el historiador  e investigador  chileno Miguel Rojas Mix, trabajo que fue publicado en el año 1997, en la Revista  de cultura hispanoamericana “Con eñe”. Posteriormente, efectuaremos una selección de dos autores plásticos latinoamericanos y una de sus obras, para a continuación, realizar una descripción formal de estos trabajos, y elaborar  así su posible interpretación, utilizando para ello como guía, los dos primeros niveles de estudio, del método de análisis del historiador del arte y ensayista alemán Erwin Panofsky. Ello lo haremos con la finalidad de  descubrir  en  cada una ellas,  la posible existencia de elementos, que pueden ser entendidos como una manifestación del acervo cultural latinoamericano.

 La idea de “Latinoamérica” o “América Latina” – comprendiendo ambas nociones, como sinónimo -, es asociada al conjunto de países americanos, situados al sur de Canadá y los Estados Unidos de Norte América. Países que en general, comparten ciertas características  históricas, culturales y sociales. Se habla de que estas naciones, poseen un componente común en su lengua: lo “latino”. Noción que hace referencia al latín, antigua lengua indoeuropea, cuyo origen se encuentra la región del Lacio (Italia), y que se extendió por todo el imperio romano.

Hay dos hipótesis sobre el posible origen de este término. Una nos dice que la noción “Latinoamérica”, fue creado por un economista francés del Siglo XIX, llamado Michel Chevalier, personalidad que pretendió justificar la expedición militar a México, por parte de Francia. Chevalier, sostenía que Francia, siendo por ese entonces la principal  potencia “latina”, estaba llamada  a liderar a sus naciones hermanas en las Américas (Idem, 2007).

Otra versión, sostiene que  dicho concepto fue acuñado a partir de 1850, por un grupo de pensadores de origen americano: el dominicano Francisco Muñoz; los chilenos Santiago Arcos y Francisco Bilbao[1]; y el colombiano José María Torres Caicedo. Ello se habría hecho, como un gesto de autoafirmación continental, en momentos en que los Estados Unidos de Norteamérica, era percibido con pretensiones expansionistas al Sur del continente.

Revisando las primeras páginas, del interesante artículo titulado “¿Arte en América Latina o arte Latinoamericano?” del historiador  e investigador Miguel Rojas Mix,  donde manifiesta, que no todo arte que se da “en Latinoamérica”, va reflejar o va ser una expresión de su identidad, sino que “lo latinoamericano”, sólo va a ser  en algunos casos, un hecho circunstancial, geográfico o espacial. Por otro lado,  afirma que un “arte Latinoamericano”, para ser considerado como tal, va a tener que reunir ciertas características particulares reconocibles, elementos que nos  indiquen o nos hagan evocar lo “latinoamericano”. Ahora ¿Cuáles son esas particularidades?

Según autor comentado, podemos hablar de “Latinoamérica”, a partir de la transformación  de naciones como la nuestra en repúblicas, y la sustitución que esta hicieron de un modelo cultural  relacionado con el período colonial, por uno neoclásico, que dará paso, más que a un estilo, a un espíritu romántico, situación que se hace patente en forma matizada, cuando los artistas  se empiezan a interesar por la representación en sus obras, del sustrato indígena, del mestizo y lo costumbrista[2] (Rojas, M. 1997, pág.3). Para Mix, esta va ser la tónica hasta casi la segunda década del Siglo XX. El quiebre se va dar – según el autor -, con el descubrimiento por parte de algunos pintores latinoamericanos, de la figura y obra de Cézanne, iniciándose con ello la introducción – gradual y tardía -, del arte latinoamericano en las denominadas “vanguardias”.

Posteriormente, el investigador realiza una distinción, entre lo que él denomina como: “indianismo” e “indigenismo”. Afirma que el primer término, toma simplemente como tema al indio, mientras que el segundo concepto, nos habla además de una búsqueda identitaria en el sujeto popular, sus reivindicaciones: la denuncia de la opresión, del colonialismo y las injusticias sociales. Así “El indigenismo da una identidad de base para numerosos artistas, lo que les permite evolucionar apropiándose de las vanguardias sin perder la fisonomía americana” (Rojas, M. pág. 10). Ello habría desembocado – según este investigador -, desde los años sesenta del Siglo XX, en un arte social o socializante, de protesta, comprometido y militante.

A continuación, realizaremos en las siguientes líneas, un breve estudio analítico a partir de dos obras de autores distintos. Utilizaremos para guiarnos en la confección de dicha tarea, de la metodología de análisis del historiador de arte e investigador Erwin Panofsky.

Las obras seleccionadas son dos pinturas, una del argentino Emilio Pettoruti, titulada: “El improvisador”; y la otra, del uruguayo Pedro Figari Solari, llamada: “Candombe”.

arlekinesPettoruti, fue un pintor  formado en la Academia de Bellas Artes de la Plata, estudió pintura e historia del arte en Florencia (Italia). Tomó contacto con el futurismo de Gino Severini, mientras que en Francia con el cubismo de Juan Gris y  en Alemania, con las vanguardias  de la época.

Pedro Figari, era filósofo, periodista, abogado y político. Fue Director de la Escuela Nacional de Artes y Oficios. Vivió en Buenos Aires y en Paris, ciudad donde a la edad de 60 años, inició su carrera como pintor, su trabajo tuvo una buena acogida en la “ciudad luz”.

En la pintura de Emilio Pettoruti, observamos la representación en primer plano y de cuerpo completo, de tres personajes – uno al lado de otro -, vestidos con trajes festivos. Todos ellos, en  sus manos portan instrumentos de cuerdas, dos de ellos también partituras.

Mientras que el cuadro del uruguayo, Emilio Figari contemplamos una escena de baile, que se realiza al parecer en una calle o al interior de una habitación, algunos de los personajes, se encuentran sentados y la mayoría bailando, hay hombres y mujeres de raza negra, todos ellos vestidos con prendas sencillas del fines del Siglo XIX.

Observando con mayor detenimiento cada uno de los trabajos y a modo de establecer una comparación entre ambos, notamos en primer término que ambas pinturas presentan una temática similar de carácter costumbrista, cuyo contenido más específico, es la festividad popular, uno de corte más europeo y otro de una aparente influencia africana.

Emilio Pettoruti, representa en su trabajo – de cuerpo completo y de forma frontal -, las figuras de tres personas, dispuestas casi una al lado de la otra.  Estos tres personajes, ocupan gran parte del espacio del cuadro, y representan a través de su vestuario (sombrero estilo “bicornio”, antifaz, camiseta, pantalón), la figura del “arlequín”, personaje popular de la llamada “comedia del arte”, aparecida en el Siglo XV en Italia.  Según cuentan, el arlequín, es una imitación burlesca de los campesinos pobres emigrados de Venecia, también se le asocia  a los carnavales o las fiestas del equinoccio de primavera. Dicho motivo, se volvió muy popular en la pintura del Paris bohemio de mediados de los siglos XIX y XX,  lo conocemos de la mano de autores como: Renoir, Cezanne, Derain, Picasso y Juan Gris.  El personaje del medio aparece más iluminado, que los demás que están más en la penumbra y aparentemente más atrás. No se tiene claro, respecto a si el lugar donde se encuentran es un espacio abierto, como una calle bajo la penumbra, o cerrado, como una habitación. Las tres figuras portan en sus manos instrumentos de cuerda, en dos de ellos se observa a la altura del abdomen, unos libros que parecen ser partituras. El del medio – por su postura -, debe estar tocando la mandolina y cantando. Mientras que los personajes de los lados, parecen estar aguardando atentos. Ambos tienen sus manos, puestas en las cuerdas de sus guitarras,  el de la izquierda, nos da la idea de que observar al público, en tanto que el de la derecha, mira hacia el personaje central. En cuanto a los colores, predominan la gama de los cafés y rojo oscuro, los grises. Es un trabajo, donde se destaca en la representación de figuras y formas, las líneas bien definidas, más que la  mancha  o la textura de la pintura. Su apariencia, nos hace pensar que el autor, para este trabajo, presenta una influencia del cubismo sintético, desarrollado por el español Juan Gris. Finalmente, pese a la síntesis formal, Emilio Pettoruti, no se desprende totalmente de la representación real  de las formas que componen esta escena.

En cuanto a la Pintura de Pedro Figari Solari,  observamos una escena de fiesta. Este trabajo, es un óleo sobre tela, donde prevalece más la textura de la pintura, el contraste y la sobre posición del color, por sobre las formas o lo lineal.  En ese sentido es más pictórico, que la obra de Emilio Pettoruti.

En esta pintura notamos, que el autor privilegia más en el  buen ejercicio técnico, para lograr la “copia fiel del modelo”, uno donde tiene más relevancia la expresión, lo gestual y el movimiento.  En ese sentido podemos  estar  frente a un trabajo que se aproxima  de una manera muy particular: al expresionismo francés, al pos impresionismo y a la pintura Naif.

pedro figariEn la pintura, no logramos distinguir, si el hecho se desarrolla al interior de una casa,  en un patio interior de un recinto o en la calle. “Candombé”, es nombre de este trabajo, donde – como su nombre los indica -, se aborda como tema principal, este baile y lo carnavalesco, que nace como herencia de la cultural de los negros esclavos, traídos al Río de la Plata. Los descendientes de estos esclavos, son los únicos y  principales protagonistas de la escena. Observamos a dos de ellos, en primer plano, en la esquina  izquierda sentados, aparentemente observando a las personas que bailan. Un poco más atrás, vemos una pareja, el hombre de espaldas, con un calzado oscuro, pantalón café, camisa suelta blanca, con un pañuelo de color celeste al cuello, su rostro aparentemente observa hacia arriba; mientras que la mujer, que está a su lado, se ve casi agachada, tomando a los lados con sus manos su vestido de color blanco, mostrado  parte de su enagua. Al lado se ve una mujer con vestido rosado muy largo, que tiene dos franjas de color violeta, dicho vestido llega hasta el suelo, se asemeja a los usados por las bailarinas de flamenco. La bailarina está de lado, no podemos ver su pareja; y entre las dos mujeres, más atrás, se aprecia otra mujer, con un vestido similar, pero de color verde, con lunares blancos y franjas amarillas, café y verde amarillo, más atrás su pareja, sólo se precia de él, su rostro de frente, que resalta por el contrate del color de la piel: sus ojos, nariz y boca, que son más claros y casi  de una forma caricaturesca o infantil en su representación. El hombre, viste una camisa o una polera  de color amarillo, un cinturón o faja de color rojo y un pantalón posiblemente café claro. Al lado derecho, se logra apreciar  de frente, parte de otra figura masculina, que tiene una camisa gris y que levanta uno de sus brazos – el derecho -, fletándolo sobre sí, apoyando su muñeca en la cabeza. Más al lado, nos da la idea de que hay  cuatro mujeres, en distintas acciones. No se logran distinguir, más allá de su rostro y parte del cuerpo. Mientras que al lado contrario otros cuatro personajes más, que se confunden  dentro del baile. Hacia el fondo, muy centrado, vemos algo que parece un telón o cortina,  cuyos adornos o tramas, está compuesta por  cuadrados de distinto tamaño y de colores variados que se repiten como patrón. Al extremo derecho, se ve algo que podría ser una pared blanca, que en el la parte superior registra una forma, que podría ser una ventana o una pajarera colgante. Al extremo  derecho, también logramos ver algo, que  podría ser parte de una pared de color blanco, donde  se destaca una franja amarilla inclinada, que nos sugiere, sino una adorno, parte de un arco, que nos lleva a otro lugar.

A partir de la descripción  realizada de ambos trabajos, y aplicando la tesis sostenida por el historiador e investigador Miguel Rojas Mix, en cuanto a su definición sobre las características, de lo que el autor define como “arte latinoamericano”, podemos concluir que ambas pinturas, pese a tener temáticas similares, la festividad o lo carnavalesco, así como lo costumbrista, la obra de Emilio Pettoruti, presenta en mayor medida, dentro de lo formal, una mayor influencia de la cultura europea. En alguna medida, esta pintura debe ser entendida, como la expresión de una particular mirada de “lo europeo”, por parte de un latinoamericano, y la adopción  que este hace (transculturación), de una noción estética entonces nueva, donde se abordar el problema de la representación del modelo. No hay  una denuncia contenida en este trabajo, pero sí puede ser entendida, como un ejemplo, respecto a nuestra relación de dependencia cultural.

En cuanto a la pintura “Candombé”, de Pedro Figari, más allá del manejo técnico del dibujo y la pintura, es un trabajo  donde prevalece lo expresivo. La representación de  los personajes nos habla del comercio humano, de la esclavitud, de la asimilación y de su participación en la constitución de la identidad latinoamericana. Hecho que  si no es negado, no ha sido totalmente reconocido.

Finalmente, consideramos que la definición entregada, por parte del historiador e investigador Miguel Rojas Mix,  si bien  reconoce la existencia de una “arte latinoamericano” y junto con ello,  nos da luces respecto a “lo latinoamericano”,  esta explicación no da cuenta respecto a sus múltiples expresiones. Debido a ello “lo latinoamericano” y en particular la definición de “un arte propiamente latinoamericano”, es una materia todavía en discusión.

[1]  Miguel Rojas Mix, atribuye la creación de dicho concepto al pensador chileno Francisco Bilbao.

[2]  No solo va a ser el sustrato indígena, sino que también se va a rescatar la figura del negro (“africanismo”) y del mestizo, así como el paisaje, el entorno habitual, el color del lugar y su atmósfera.

Bibliografía

 

  • Beorlegui, C. (2010). Pensamiento filosófico latinoamericano. Una búsqueda incesante de la identidad. Bilbao, España: Publicaciones de la Universidad de Deusto.

  • Carpani, R. (1961). Arte y revolución en América Latina. Buenos Aires, Argentina: Ediciones de la Izquierda Nacional.

  • Corvalán, L. (2015). Ensayo sobre la lucha por un pensamiento propio en nuestra américa. Una aproximación posible a las primeras décadas del siglo XX. Santiago, Chile: Editorial América en movimiento.

  • Fernández, T. (1998). Literatura hispanoamericana: Sociedad y cultura.

Madrid. España: Ediciones Akal S.A.

  • Lesser, R. (2006). La América española. De la utopía al estallido. Buenos Aires. Argentina: Editorial Longeseller S.A. Colección Compendios.

  • Rojas, M. (1997). ¿Arte en América Latina o arte Latinoamericano?. Con eñe. Revista de cultura hispanoamericana. (N°0), pp. 6-11.

  • Rojas, M. (1997). La imagen de América Latina en los comics. Con eñe.  Revista de cultura hispanoamericana. (N°1), pp. 58-63.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s